El auto al
servicio del arte Cuando uno lleva toda una vida mirando con atención autos
de toda forma y color, en vivo o en imágen, llega el momento
en que se pregunta: "¿por qué me gusta ese pedazo de metal?.
Porque, en última instancia, es eso. De allí que -cuando
uno se impacta por un auto determinado- la expresión mas
corriente es: "¡que fierro...! Con el transcurrir del tiempo el automóvil se convirtió en
un objeto de arte y, luego que la Cisitalia de Piero Dusio
fuera a parar al Museo de Arte Moderno de Nueva York, otros
han seguido su camino, gracias al talento de los diseñadores
de carrocerías. Lo que motivó que fotógrafos y artistas plásticos
comenzaran a reflejar lo que veían, es decir, no solamente
autos estáticos si no también escenas de carreras, con su movimiento
vertiginoso y el drama consiguiente de una actividad tan cargada
de emociones que despiertan la sensibilidad y el placer. La fotografía estuvo ligada directamente con la técnica. Y,
en los años 30 y 40 resultaron casi elementales. En los años
50, con la llegada de mejores elementos y de un aumento notable
en la actividad, surgieron algunos que fueron quedando en la
historia, como -por nombrar algunos- Jesse Alexander, Geoff
Goddard y el, para mi gusto, el mejor de siempre: Louis Klemantaski.
A pesar de la llegada -además con toda la técnica- del formidable
alemán Rainer Schelegelmilch. Un genio, aunque no llegue a
la sensibilidad de Klemantaski. Luego llegaron -en cantidad todavía creciente- los dibujantes,
ilustradores y, finalmente, los artistas plásticos. Sin seguir
un orden en ningún sentido, de ellos Michael Turner es, tal
vez, el más conocido.
Y de calidad similar pueden estar Alan Fearnley, Nicholas Watts,
el notable William Motta (director de arte de Road & Track),
Toby Nippel, Walter Gotschke; Richard Corson, mas dedicado
a los retratos y a copiar al formidable Ken Dallison, éste
último con un estilo muy particular. Y en nuestro país fué
surgiendo Héctor Luis "Pirín" Bergandi quien, de Parabrisas,
terminó en Road & Track. Es decir, una carrera notable. A fines de los ´60, aunque llegado de su Montevideo natal,
se radicó entre nosotros el que, considero, logró captar
-mejor que todos los demás- aquello que comentamos: movimiento,
drama, emoción, color, detalles increíbles y -tal vez lo
más importante- aplicando inteligencia y sensibilidad en
grado incomparable: Alfredo De la María.
Una personalidad muy particular, con una modestia que, generalmente,
es típica de los artistas verdaderos y con la necesidad de
trabajar sin ocuparse de otros temas -totalmente concentrado
en su tarea- motivó que De la María no se hiciera conocido
aquí, donde -con poco- algunos llegan a un grado de popularidad
generalmente inmerecida.
Aunque en sus comienzos sus objetivos artísticos se concentraron
en las escenas de carreras de autos, pronto llegaron también
los aviones -otros hicieron lo mismo- pero el talento de
Alfredo lo hizo cambiar realizando obras magníficas con
temas diversos: marinas, soldados históricos, caballos
y el apasionante mundo del polo. Así se hizo conocido -y
reconocido- en las galerías mas importantes de Europa y
los Estados Unidos y en los encuentros de autos clásicos
de Goodwood, Pebble Beach o Monterey. Sus stands son mas
visitados que los propios autos.
Fuera de algunas publicaciones del exterior, no es fácil
encontrar obras de De la María. Doy fe porque llevo decenas
de años copiando las que encuentro. Pero en estos días,
como todos los años, De la María tendrá su stand en Auto
Clásica, la exposición que se realizará a partir del 15
de Setiembre en un sector del Hipódromo de San Isidro.
Es una buena ocasión para conocer algunas de sus obras.
Claro que también puede entrar en su página http://www.delamaria.com,
donde verá obras realmente inimitables. Si no vió sus trabajos, aproveche ahora. Y cuando las
observe ponga toda su concentración en los detalles. Porque
el impacto general es impresionante, pero si lo ve sectorizando
con atención se encontrará con toda una fiesta de talento
y sensibilidad. Su espiritu se lo agradecerá.
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